Autora: Alexia Rendón M.
Introducción
La electrocoagulación endoscópica es una de las herramientas terapéuticas fundamentales en la endoscopia gastrointestinal moderna, particularmente en el manejo de la hemorragia digestiva. En este contexto, su desarrollo ha permitido el control eficaz del sangrado sin recurrir a cirugía abierta. Como resultado, se ha logrado una reducción significativa de la morbimortalidad asociada a esta condición.
Actualmente, la electrocoagulación forma parte del abordaje estándar en múltiples escenarios clínicos. Además, su uso está respaldado por guías clínicas internacionales y por una amplia evidencia científica. Por lo tanto, se considera una técnica esencial dentro del arsenal terapéutico del endoscopista.
Este artículo revisa los principios físicos y fisiológicos de la electrocoagulación endoscópica. Asimismo, se analizan sus modalidades, indicaciones clínicas, eficacia y seguridad. Finalmente, se discute su papel dentro del tratamiento integral de la hemorragia digestiva, con un enfoque práctico y basado en la evidencia.
Concepto y fundamentos de la electrocoagulación endoscópica
La electrocoagulación endoscópica es una técnica terapéutica que utiliza corriente eléctrica de alta frecuencia aplicada al tejido gastrointestinal a través de dispositivos endoscópicos. De esta manera, se produce una coagulación térmica controlada con fines hemostáticos.
La energía eléctrica genera calor por resistencia tisular. Como consecuencia, se induce la desnaturalización de proteínas, la contracción del colágeno y la trombosis de los vasos sanguíneos. En conjunto, estos efectos permiten lograr la hemostasia de forma eficaz.
A diferencia de la electrocirugía convencional, la electrocoagulación endoscópica controla cuidadosamente la profundidad del daño térmico. Por ello, se minimiza el riesgo de perforación y otras complicaciones. Además, la técnica puede aplicarse tanto por contacto directo como indirecto, dependiendo del dispositivo y del escenario clínico.
Bases físicas y fisiológicas
La corriente eléctrica utilizada corresponde a una corriente alterna de alta frecuencia. Esto es relevante, ya que evita la estimulación neuromuscular y permite un efecto térmico localizado. Cuando la corriente atraviesa el tejido, la resistencia eléctrica genera calor. Dicho calor depende de la potencia aplicada, el tiempo de contacto y el área de superficie tratada.
Desde el punto de vista fisiológico, el calor induce varios efectos clave:
- Coagulación de proteínas estructurales
- Trombosis del vaso sangrante
- Sellado mecánico del lecho vascular
- Reducción inmediata del flujo sanguíneo local
En conjunto, estos mecanismos permiten un control rápido y eficaz del sangrado en la mayoría de las lesiones tratadas.
Modalidades de electrocoagulación endoscópica
Electrocoagulación por contacto
En esta modalidad, el dispositivo terapéutico entra en contacto directo con el tejido. Incluye, entre otros:
- Sondas térmicas (heater probe)
- Pinzas de coagulación monopolares o bipolares
- Asas de polipectomía en modo coagulación
La electrocoagulación por contacto permite aplicar presión directa sobre el vaso sangrante. De esta forma, se combina el efecto térmico con el efecto mecánico. Por ello, resulta especialmente útil en lesiones focales, como las úlceras con vaso visible.
Electrocoagulación sin contacto: coagulación con plasma de argón
La coagulación con plasma de argón (APC) representa una modalidad de contacto indirecto de la electrocoagulación. Utiliza gas argón ionizado como medio conductor de la corriente eléctrica. Gracias a esto, la energía puede transmitirse sin contacto directo con el tejido.
Sus principales características incluyen:
- Coagulación superficial y homogénea
- Profundidad limitada, aproximadamente de 2 a 3 mm
- Menor riesgo de lesión profunda
Por estas razones, la APC es particularmente útil en sangrados difusos o lesiones extensas, como las angiodisplasias o la ectasia vascular antral gástrica.
Indicaciones clínicas de la electrocoagulación endoscópica
Las guías clínicas internacionales recomiendan la electrocoagulación endoscópica como parte del tratamiento de primera línea en múltiples escenarios de hemorragia digestiva. En particular, su uso está bien establecido en los siguientes contextos.
Hemorragia digestiva alta
- Úlceras pépticas con estigmas de alto riesgo
- Lesiones de Dieulafoy
- Sangrado posterior a la polipectomía
- Hemorragia tras resección endoscópica de mucosa
Hemorragia digestiva baja
- Angiodisplasias colónicas
- Sangrado posterior a la polipectomía
- Lesiones vasculares del colon
Otras indicaciones
- Ectasia vascular antral gástrica (GAVE)
- Gastropatía hipertensiva portal
- Proctopatía actínica
- Sangrado crónico oculto de origen vascular
En la práctica clínica, la electrocoagulación suele combinarse con otras técnicas hemostáticas. Por ejemplo, puede asociarse a la inyección de adrenalina o al uso de clips endoscópicos. De esta manera, se incrementa la eficacia y se reduce el riesgo de resangrado.
Evidencia científica sobre eficacia
Numerosos estudios clínicos y metaanálisis han demostrado que la electrocoagulación endoscópica es altamente eficaz para lograr hemostasia primaria en la hemorragia digestiva. En particular, en las úlceras pépticas con alto riesgo de sangrado, la combinación de inyección y terapia térmica reduce significativamente las tasas de resangrado, la necesidad de cirugía y la mortalidad.
Asimismo, la APC ha mostrado altas tasas de control del sangrado en lesiones vasculares. Especialmente, se ha observado una mejoría clínica sostenida en pacientes con angiodisplasias y GAVE que presentan sangrado crónico recurrente.
Seguridad y complicaciones
La electrocoagulación endoscópica se considera un procedimiento seguro cuando es realizada por personal entrenado y con parámetros adecuados. No obstante, como toda técnica térmica, no está exenta de riesgos.
Las complicaciones descritas incluyen:
- Perforación gastrointestinal (rara)
- Estenosis, especialmente tras tratamientos extensos
- Dolor posterior al procedimiento
- Sangrado tardío
El riesgo de complicaciones aumenta con potencias elevadas y tiempos prolongados de aplicación. Además, es mayor en segmentos del tubo digestivo con pared delgada, como el colon derecho o el esófago.
Comparación con otras modalidades hemostáticas
En comparación con métodos puramente mecánicos, como los clips endoscópicos, la electrocoagulación ofrece la ventaja de tratar superficies amplias y lesiones difusas. Por otro lado, frente a la inyección aislada, proporciona un efecto hemostático más duradero.
Sin embargo, las guías clínicas recomiendan con frecuencia el uso combinado de técnicas. Así, se optimizan los resultados clínicos y se reduce el riesgo de recurrencia.
Seguimiento y consideraciones prácticas
Tras la electrocoagulación, los pacientes deben mantenerse bajo vigilancia clínica y endoscópica. La frecuencia del seguimiento depende de la etiología del sangrado y del contexto clínico.
Además, el manejo de factores subyacentes es esencial. Por ejemplo, el control del uso de antiinflamatorios no esteroideos o de la hipertensión portal permite reducir el riesgo de recurrencia hemorrágica.
Conclusiones
La electrocoagulación endoscópica constituye una herramienta esencial en el tratamiento de la hemorragia digestiva. Su eficacia, junto con un perfil de seguridad favorable y una gran versatilidad, la ha consolidado como una técnica estándar en la práctica endoscópica moderna.
En conclusión, el conocimiento adecuado de sus principios, indicaciones y limitaciones permite optimizar los resultados clínicos y mejorar de forma significativa el pronóstico de los pacientes.
Referencias:
- European Society of Gastrointestinal Endoscopy (ESGE) – Guideline on endoscopic management of gastrointestinal bleeding
- NCBI – PubMed – Endoscopic thermal therapy for gastrointestinal bleeding: efficacy and outcomes
- Revista de Gastroenterología de México – Consenso mexicano sobre el abordaje y tratamiento de la hemorragia digestiva
- Gastrointestinal Endoscopy (Official Journal of the ASGE) – Advances in endoscopic hemostasis techniques

